El otro día estaba jugando con un niño, se llamaba Agustín. No era de Santiago, de hecho vive lejos, a unos 850 kilómetros de aquí; tal vez por eso me creyó. Le conté un secreto que a pocos les he dicho. No me miró raro, ni me preguntó cosas extrañas, tampoco me hizo demostrárselo.
Le dije no más, de pasada, como si nada, por si escuchaba.
- Tengo súper poderes
- Si sé – Me respondió
* robado de mí mismo nuevamente



